Aprovechando la publicación de El viaje, el nuevo álbum de Paco Roca, hemos conversado con el autor valenciano sobre esta obra, su forma de entender el mercado editorial, las diferencias entre publicar en España y Francia y los retos de seguir siendo uno de los autores más importantes del cómic europeo.

Paco Roca, El mes pasado publicaste El viaje en España. ¿Cuándo podremos leerlo en Francia?
Paco Roca: La traducción y la edición ya están en marcha con Delcourt, aunque todavía no conocemos la fecha exacta de publicación. Lo más probable es que aparezca a finales de este año o a principios de 2027.
Muchos autores españoles trabajan directamente para el mercado franco-belga. Sin embargo, tú sigues priorizando publicar primero en España. ¿A qué se debe esa decisión?
Paco Roca: Aunque pueda parecer extraño, siempre he querido que mis libros aparezcan primero en España. Le debo muchísimo al mercado español, que respondió muy bien desde mis primeras obras, y siento que, siendo un autor español, debo priorizar a los lectores de aquí.
También creo que es importante contribuir a fortalecer nuestra industria. Me gusta escribir historias pensando en un público español, porque conozco mejor su contexto, sus inquietudes y los temas que pueden conectar con él.
Además, existe una cuestión económica. Cuando trabajas directamente para el mercado franco-belga, las condiciones son diferentes porque el libro nace allí. Sin embargo, cuando se trata de vender una obra ya publicada en otro país, los porcentajes que recibe el autor disminuyen considerablemente.
Digamos que, económicamente, no compensa tanto.
Paco Roca: No exactamente. Siempre merece la pena que un libro viaje y encuentre lectores en otros países. Lo que ocurre es que los derechos que percibe el autor por esas ediciones extranjeras son mucho menores, ya que la mayor parte corresponde a la editorial que gestiona la venta.
En España recibo aproximadamente entre un 10 % y un 13 % del precio de venta al público. En Francia, por ejemplo, el porcentaje ronda el 5 %. La diferencia es considerable.

¿Qué diferencias existen entre las ventas de tus obras en España y en el mercado franco-belga?
Paco Roca: Son diferencias enormes. Arrugas ha vendido en España más de 100.000 ejemplares, creo que ya supera los 110.000. En Francia, en cambio, habrá vendido alrededor de entre 20.000 y 30.000 ejemplares. Es una diferencia muy significativa.
Entonces, ¿sí existe un mercado sólido para el cómic en España?
Paco Roca: Sí, al menos en mi caso. Hace tiempo me pasaron las cifras totales y, entre todos mis libros, debo rondar los 600.000 ejemplares vendidos en España.
Los surcos del azar, por ejemplo, también ha superado los 100.000 ejemplares.

Creo que sí existe un público para este tipo de historias. Cuando consigues conectar con los lectores hablando de temas que les resultan cercanos, el mercado responde. Por eso es importante conocer bien el país para el que escribes, entender cuáles son sus preocupaciones y cuáles son las historias que pueden interesarle.
¿Por qué crees que tus obras funcionan tan bien entre los lectores españoles?
Paco Roca: La verdad es que nunca he tenido una explicación clara. Supongo que tiene relación con lo que comentábamos antes: escribo pensando en mi entorno y en los temas que me interesan a mí, como la memoria histórica, que también conectan con muchos lectores.

Arrugas fue un punto de inflexión porque me permitió llegar a un público que habitualmente no leía cómics. Después llegaron otros libros, como El invierno del dibujante, que quizá interesaban más a lectores aficionados a la historia del propio medio.
Cada obra encuentra a su público y, poco a poco, esos públicos se van sumando.
También ocurre algo curioso: muchos lectores me dicen que no leen cómics, que únicamente leen los míos. Eso me produce una sensación contradictoria. Me alegra haber llegado hasta ellos, pero también me gustaría que descubrieran muchos otros autores. En cualquier caso, con el tiempo acabas construyendo una relación de confianza con tus lectores.

El viaje vuelve a ser una obra profundamente íntima. ¿Por qué vuelves a « torturarte » con historias tan personales?
Paco Roca: (Ríe). No lo sé… Al final son las historias que me salen de manera natural. Suelen ser dramas, o al menos relatos con un punto de melancolía. Son los temas que me apetece contar porque me permiten reflexionar sobre cuestiones que me interesan.
En El viaje, por ejemplo, vuelvo a hablar de la memoria, pero desde un punto de vista diferente: cómo gestionamos los recuerdos después de una ruptura sentimental. Me interesaba explorar la manera en que construimos el relato de nuestra propia vida, qué recuerdos conservamos, cuáles transformamos y cuáles dejamos atrás.
Son historias duras de escribir, pero también me obligan a investigar nuevas formas de contar. Y eso, como autor, resulta muy estimulante.
¿Qué descubrirán los lectores franceses en El viaje?
Paco Roca: Es la historia de una persona que queda varada en un lugar tan inhóspito como la Patagonia argentina. Esa soledad le obliga a detenerse y reflexionar sobre el momento vital que está atravesando.
Después de una separación sentimental, y con hijas de por medio, empieza a preguntarse quién es ahora. Ha perdido la identidad que había construido dentro de una familia y necesita reconstruirse. Es una historia sobre la pérdida, sobre la memoria y sobre la necesidad de entender qué ocurrió, qué pudo fallar y si realmente se podía haber evitado.

¿Viajaste a la Patagonia para documentarte?
Paco Roca: Sí. Siempre que puedo viajo a los lugares donde sitúo mis historias. Eso hace que el escenario deje de ser un simple decorado y pase a convertirse en un personaje más.
De hecho, antes de viajar ya tenía preparados muchos bocetos. Pero cuando llegué allí cambió absolutamente todo. Descubrí paisajes, situaciones y sensaciones que no había imaginado, y acabé añadiendo bastantes páginas al libro. Ese tipo de cosas solo ocurren cuando conoces los lugares de primera mano.
En muchas de tus obras hay elementos autobiográficos. ¿Es algo que buscas conscientemente?
Paco Roca: No, nunca me lo planteo de esa manera. Sé que hago ficción, aunque muchas veces parto de experiencias personales. Utilizo recuerdos, emociones o situaciones que he vivido, pero nunca con la intención de contar mi vida exactamente.
En El viaje sí hay una parte que nace de una separación que viví hace años. Sin embargo, a partir de ahí todo empieza a mezclarse con otras experiencias, con historias de otras personas y con elementos completamente ficticios.
Lo mismo ocurrió en La casa. Hay cosas que pertenecen claramente a mi vida: la casa familiar, mis hermanos o la relación con mi padre. Pero enseguida dejan de ser recuerdos personales para convertirse en una ficción.
Creo que existen dos tipos de historias que consiguen atraparnos. Por un lado están aquellas que nunca viviremos, como una guerra, y ahí entraría Los surcos del azar. Por otro, están las historias cotidianas, las que hablan de situaciones que cualquiera puede reconocer porque forman parte de la vida de todos. Ésas también tienen una enorme fuerza.

Voy a hacerte una pregunta un poco extraña. Como lector, ¿qué Paco Roca te interesa más: el que escribe historias íntimas o el que aborda grandes relatos históricos?
Paco Roca: Es una pregunta complicada. Como autor, los mayores retos han sido libros como Arrugas o La casa. Son historias que me obligan a buscar recursos narrativos para contar cosas que el cómic, aparentemente, no estaba acostumbrado a contar. Me interesan muchísimo, pero también tienen un precio emocional.
Mientras trabajaba en El viaje, por ejemplo, al principio todo tenía un efecto casi terapéutico. Sin embargo, cuando pasas dos años inmerso en una historia así, acabas viviendo dentro de ese estado emocional. Llega un momento en el que solo quieres terminar el libro para poder salir de ese agujero.
En cambio, trabajar sobre memoria histórica produce una sensación muy diferente. El cómic tiene una enorme capacidad para reconstruir la memoria visual de una época. En un país como España, donde todavía existen tantos vacíos sobre nuestro pasado, me parece una herramienta muy valiosa.
Reconstruir esos testimonios, siempre con el máximo rigor documental, supone uno de los retos más bonitos que he afrontado como autor. Por eso me gusta alternar proyectos. Después de una obra muy íntima necesito respirar con otra diferente. Y después de un libro histórico, probablemente vuelva a necesitar una historia más personal.

El viaje recupera el formato apaisado que ya utilizaste en La casa. ¿Qué te atrae de este tipo de composición?
Paco Roca: Me parece un formato mucho más divertido desde el punto de vista narrativo. Obliga a buscar soluciones distintas a las que ofrece una página vertical y te permite organizar la información de otra manera. Puedes construir narraciones paralelas, jugar con la composición de la página y dirigir la mirada del lector de formas que, en un formato tradicional, serían mucho más difíciles.
También me interesa porque rompe con la idea preconcebida que muchas personas tienen de cómo debe ser un cómic. Obliga al lector a enfrentarse a la lectura desde otro lugar.
Últimamente intento alejarme cada vez más de una puesta en escena demasiado cinematográfica. Procuro reducir el abuso del primer plano, del plano-contraplano o de esos recursos heredados del cine. Me interesa explorar soluciones que sean propias del lenguaje del cómic y aprovechar todo lo que este medio puede ofrecer.
Ya se ha anunciado una adaptación cinematográfica de El viaje. Después de haber visto varias de tus obras llegar al cine, ¿cómo vives ahora este proceso? ¿Es diferente cuando se trata de animación o de imagen real?
Paco Roca: Sí, cambia bastante. En animación reconoces mucho más fácilmente tu trabajo. En la imagen real, aunque exista respeto por la obra original, el resultado termina alejándose mucho más. Con el tiempo he aprendido a tomar cierta distancia.
Hubo una adaptación en la que me impliqué muchísimo y acabé sintiendo que había invertido una enorme cantidad de tiempo sin poder decidir realmente nada. Fue una experiencia que me enseñó que el cine tiene sus propias reglas y que, una vez entregas tu obra, deja de pertenecerte. Por eso ahora prefiero dedicar ese tiempo a hacer cómics.
Eso no significa que no disfrute reuniéndome con los directores, los guionistas o el equipo artístico. Me gusta conocer qué lectura hacen de la obra, qué quieren potenciar o incluso qué aspectos han descubierto ellos que yo no había visto. Ese intercambio siempre resulta enriquecedor. Pero una vez comienza el proceso cinematográfico, intento mantenerme al margen.

¿Te ha servido esa experiencia para mirar de otra forma tu propio trabajo como autor de cómic?
Paco Roca: Muchísimo. Las adaptaciones me han hecho comprender que los autores de cómic utilizamos muchos recursos narrativos casi de manera inconsciente. No somos plenamente conscientes de ellos hasta que vemos nuestra obra traducida a otro lenguaje.
Eso me ha permitido identificar qué herramientas funcionan realmente y cuáles utilizaba simplemente por costumbre. Es un aprendizaje muy interesante porque después vuelve a influir en la manera en la que afrontas los siguientes libros.
Para muchos lectores franceses resulta difícil comprender que el franquismo siga teniendo tanta presencia en la sociedad española. ¿Crees que El abismo del olvido es una buena puerta de entrada para entender esa realidad?
Paco Roca: La verdad es que tanto Rodrigo como yo nos hemos sorprendido muchísimo por la acogida que ha tenido el libro fuera de España. Pensábamos que sería una obra muy ligada a nuestro contexto, porque explica un episodio de nuestra historia que no siempre resulta fácil comprender desde otros países.
Lo que no cuesta explicar es que durante una dictadura hubiera personas fusiladas y enterradas en fosas comunes. Eso, por desgracia, ha ocurrido en muchos lugares de Europa. Lo verdaderamente difícil de entender es que, después de casi cincuenta años de democracia, todavía existan fosas comunes perfectamente localizadas que no se hayan exhumado por motivos políticos. Es esa parte la que suele sorprender más a los lectores extranjeros.

¿Cómo se consigue abordar un tema tan complejo sin caer en el discurso político?
Paco Roca: Desde el principio tuvimos muy claro cuál debía ser el enfoque. Rodrigo viene del periodismo y, lógicamente, su primera mirada estaba muy vinculada a la actualidad política. Pero enseguida comprendimos que estábamos haciendo un libro destinado a perdurar, que iba a traducirse a otros idiomas y que sería leído por personas con contextos muy distintos. Por eso decidimos alejarnos del debate político y centrarnos en algo mucho más universal: los derechos humanos.
Ese era el lugar desde el que queríamos contar la historia.Cuando hablas de personas asesinadas, desaparecidas y enterradas en fosas comunes, el debate deja de ser ideológico para convertirse en una cuestión de dignidad humana.
Creo que esa perspectiva permite que cualquier lector, independientemente de su país o de sus ideas, pueda comprender lo que estamos contando.
Aun así, ¿os produjo cierto vértigo publicar un libro sobre un tema que continúa siendo tan polarizador en España?
Paco Roca: Sí, claro. Sabíamos que era un asunto muy sensible y que nadie iba a permanecer indiferente. Cuando hablas de memoria histórica o de fosas comunes en España, eres consciente de que habrá personas que estén de acuerdo y otras que no.
Incluso entre quienes comparten la necesidad de recuperar esa memoria, existen sensibilidades muy diferentes. Precisamente por eso intentamos no hacer un libro partidista. No queríamos escribir propaganda.
Nuestro objetivo era mostrar unos hechos documentados y dejar que fuera el lector quien sacara sus propias conclusiones. Creo que, si una obra se convierte únicamente en propaganda, pierde buena parte de su valor como creación.

© Éditions Delcourt, 2025 — Terrasa, Roca
¿Qué reacciones os ha dejado el libro?
Paco Roca: Hemos recibido comentarios muy interesantes. Hay personas que siguen estando en contra de la Ley de Memoria Histórica, pero que, al mismo tiempo, consideran que las exhumaciones deberían realizarse. Puede parecer una contradicción, pero demuestra que muchas veces el problema está en cómo se plantea el debate público.
Tengo la sensación de que durante años este tema se ha explicado exclusivamente desde la confrontación política. Y cuando consigues sacarlo de ese terreno y hablar simplemente de derechos humanos, muchas posiciones cambian.
La gente puede discrepar en cuestiones ideológicas y, sin embargo, coincidir en que una familia tiene derecho a recuperar los restos de sus seres queridos. Ahí es donde desaparece el enfrentamiento político y aparece una cuestión de humanidad.
Además, conviene recordar que en España ya se han exhumado la mayoría de las fosas comunes localizadas sin que eso haya generado ningún conflicto social. Quienes realmente lo viven son las familias afectadas. Muchas veces el ruido procede más del debate político que de la realidad.

Cambiando completamente de registro, hace unos años tuviste la oportunidad de trabajar con un personaje tan icónico como Batman. ¿Sigues siendo un lector de superhéroes?
Paco Roca: Sí, claro. Lo fui durante muchos años y, aunque hoy ya no sigo toda la actualidad superheroica, continúan siendo personajes que me divierten muchísimo. De hecho, tengo un proyecto para trabajar más adelante con Catwoman.
Hay algo muy interesante cuando trabajas con personajes tan conocidos. Normalmente, cuando creo una historia, tengo que construir un personaje desde cero: definir quién es, cómo piensa o cómo reacciona. Con Batman, o con cualquier otro gran icono, una parte de ese trabajo ya está hecha. El lector conoce perfectamente al personaje.
Eso tiene ventajas, aunque también ciertas limitaciones, porque existen aspectos que no puedes modificar. Pero precisamente ahí está el reto: encontrar un pequeño giro que permita descubrir una faceta distinta del personaje.
En tu historia de Batman, Bruce Wayne se tomaba unas vacaciones, algo poco habitual en él.
Paco Roca: Exactamente. Esa era la gracia. Si ese argumento lo aplicara a un personaje creado por mí, probablemente no tendría ningún interés. Pero con Batman sí funciona, porque el lector se pregunta inmediatamente cómo puede comportarse alguien que vive obsesionado con salvar Gotham cuando decide desconectar unos días.
Ese tipo de situaciones me resultan muy atractivas porque permiten explorar aspectos del personaje que normalmente permanecen ocultos.
Para terminar, me gustaría hablar de una obra muy especial. ¿Cómo fue crear El invierno del dibujante?
Paco Roca: Probablemente sea el cómic con el que mejor me lo he he pasado. Es uno de esos libros que me hubiera encantado leer cuando era niño.
Yo crecí leyendo Bruguera. Era un apasionado de Ibáñez, Escobar, Vázquez y tantos otros autores. Siempre me preguntaba cómo trabajaban, de dónde salían aquellas historias, si dibujaban en casa, en una oficina o cómo era realmente su día a día. En aquella época apenas existía información sobre ellos.
Gracias a este libro pude cumplir un sueño de infancia: viajar hasta aquella época y reconstruir la vida de unos autores que marcaron profundamente mi forma de entender el cómic.
Además, pudiste hablar con algunos de sus protagonistas.
Paco Roca: Sí. Tuve la enorme suerte de entrevistar a Francisco Ibáñez, Víctor Mora, antiguos editores y muchas otras personas que habían vivido aquella etapa. Todo ese trabajo de documentación fue apasionante.
Además, visualmente era un periodo fascinante. La España de los años cincuenta tiene una fuerza enorme desde el punto de vista gráfico y narrativo. Pero, sobre todo, me enamoró la historia. La aventura de aquellos cinco autores que decidieron abandonar Bruguera para fundar Tío Vivo me parecía extraordinaria.
Es una historia poco conocida porque ocurrió en la España franquista y apenas trascendió fuera de nuestro país. Sin embargo, fueron auténticos pioneros.
Mucho antes de que los autores franceses o estadounidenses comenzaran a reivindicar sus derechos, cinco dibujantes españoles decidieron abandonar la editorial que les daba trabajo —pero que también controlaba por completo sus obras— para intentar recuperar su libertad creativa. Me parecía una historia imprescindible para comprender la historia del cómic español.

Muchas gracias por tu tiempo, Paco.
Ha sido un verdadero placer conversar contigo sobre El viaje, pero también sobre la memoria, el lenguaje del cómic, el mercado editorial y una trayectoria que ha convertido tu obra en una referencia imprescindible de la historieta contemporánea. Te deseamos el mayor de los éxitos con este nuevo libro y esperamos volver a encontrarnos muy pronto.
Y hasta aquí nuestra charla con Paco Roca, uno de los autores más influyentes del cómic contemporáneo. Ha sido un auténtico placer poder compartir este tiempo con él, profundizando en su proceso creativo, sus inquietudes y su visión del medio.
- La entrevista a Paco Roca también está disponible en francés en la página web: aquí.
